Noveno capítulo.

CIMG1892.JPG

 

 

Sigo  contando cosas de mi vida.  Lo dejamos con ese primer amor que sólo duró varios meses pues cuando nos vinimos para el pueblo a vivir, y cuando contaba con veinte años, decidí estudiar peluquería.

 

Primero hice un curso por correspondencia y después otros dos cursos más de  teoría y práctica en dos academias. Fue la primera vez que me emancipé un poco de mis padres.

Busqué un piso de alquiler que mis padres pagaron. Bueno, no estaba mal del todo.

 

 Era como una vivienda en un sótano. Tenía dos dormitorios, una cocina pequeña y una ventana que daba a la calle. Una puerta por la cual entraba, que había un garaje el cual cuando metía el coche el dueño,  toda la casa se llenaba de humo.

Yo estaba muy poco tiempo en la casa, pues por la mañana tenía que estar en la academia para hacer las prácticas, y por la tarde teórica. La verdad es que echaba de menos a mis padres. Mi madre, la probetica, venía andando desde la estación, que pillaba un poco lejos a traerme cosas.

La señora que me alquiló el piso, por llamarla de alguna manera, me dijo que no me preocupara, que ella me compraría el pan porque no tenía ni tiempo. Yo le daba todos lo días el dinero y recuerdo que un día me encontré que no me lo había comprado, y tuve que ponerme a coger del cubo de la basura el trozo de la noche anterior. Las lágrimas me afloraban a los ojos, luego me dijo que yo podía comprarlo si me salía un poco antes, asi que le tenía que pedir permiso a la hermana (l a academia la supervisaban las monjas, la verdad es que se portaron conmigo estupendamente).

 Sobre todo la hermana Teresa,  qué buena persona. En ese tiempo conocí  al que sería mi segundo amor. Le conocí por correspondencia. Un día recibí una postal, porque donde hice el curso a distancia ponían los diplomados, y éste chico cogió mi dirección y me escribió para que nos intercambiásemos postales.

Y asi empezó todo.  Al principio una buena amistad, luego hablábamos por teléfono .y poco a poco fue entrando en mi vida. Nos hicimos novios y vino a conocerme en persona, recuerdo que quedamos en la estación a las cinco de la tarde, porque el vivía en Alicante.

Esperé con mi madre hasta las seis pero el tren no llegó, así que nos fuimos a mi casa de la playa. En ese momento me sentí defraudada, asi que cogí mi tumbona y me senté en la puerta de mi casa. Cuando pasó un rato, veo parar un taxi y le vi. Entonces echamos a correr los dos y nos fundimos en un abrazo. Yo empecé a llorar.

Dice –por que lloras, ¿es que pensabas qué no vendría?  Le dije que era por la emoción, así que mi madre se puso a hacer la cena. Y en ese momento me dio su primer beso, decía que era preciosa, que era muy grande, que parecía una artista… en fin, la verdad es que estaba muy bonita en ese tiempo.

El tenía veinticinco años, cinco más que yo, pero eso no importaba. Era muy guapo, un poco más bajito que yo. De ojos negros,  labios carnosos y muy definidos, espalda ancha… Vamos,  que no estaba mal.

Estuvo en el pueblo con nosotros varios días, y así empezó a venir más frecuentemente.  A  veces sólo para un fin de semana, porque él trabajaba en una fábrica en Elche, haciendo el producto de la goma para el calzado. Cuando en el invierno hicimos la matanza de un cochino, vino él con sus padres para conocer a los míos. Su madre era una mujer muy buena y a su padre le recuerdo siempre cantando.

Pasaron otros cuantos días en el pueblo y cuando se marcharon nos invitaron  a que fuésemos un día a su casa.

 

Pasaron varios meses y mi hermano conoció en Barcelona a una chica que pronto se convertiría en mi cuñada. Se casaron pronto, y fuimos a su boda pues mi madre era la madrina, y cuando regresamos nos pasamos por Elche para ver a la familia de mi novio. Recuerdo que él nos esperaba a una  hora, y nos retrasamos porque mi padre quiso pasar unas horas con mi tía de Terraza.

Él se enfadó un poco conmigo por el tema. Estaba un poco serio, pero enseguida se le pasó. Él, en uno de sus viajes con lágrimas en los ojos, me dijo que si él no podía tener hijos el día de mañana qué pasaría, y yo le dije que nada, que se adopta y punto. Él no estaba bien por lo que fuese.

Su hermana le ponía inyecciones y nunca me quiso contar qué le pasaba. En el invierno dormía con la ventana del dormitorio abierta. Todo esto me lo contaba su madre.

 En una Semana Santa, vino a pasarla conmigo y cuando llegó por la tarde  me dijo al oído que ni siquiera había comido porque se le hacía tarde para coger el tren. Asi que mi madre, que había hecho unos exquisitos roscos, se los puso delante y  se puso a comer. El pobre tenía hambre de todo el día.

En esos días, lo pasamos genial, fuimos con toda la pandilla de amigos que yo tenía a comer al campo, y cogí un buen resfriado. En esos días, su padre lo llamó por teléfono y lo que hablaron nunca lo sabría, pero el caso es que salió llorando. Le pregunté qué es lo que pasaba y me dijo que era por su padre, que tenía un problema de próstata, pero en realidad creo que era él quién tenia algo.

En fin, la noche antes de marcharse le dijo a mi padre que nos casaríamos en navidad y mi padre le contestó que él nos ayudaría como a todos los hijos cuando cogiera la cosecha de la uva. Asi que todo quedo así,  todos conformes. A la mañana siguiente, antes de marcharse, vino a mi cuarto a despedirse porque yo estaba en cama con la garganta, y me abrazó muy fuerte, me dijo que me quería más que  a su vida, pero lloraba sobre mi hombro. Mi padre me contó que todo el camino de regreso para Almería, en el autocar, estuvo vomitando, incluso le manchó  el pantalón.

Qué le pasaba, era un misterio.  De eso pasaron varios días, una semana, dos, hasta que pasó un mes y entonces le llamé a la fábrica donde trabajaba. Se puso al teléfono y noté en él tristeza o frialdad, no lo puedo explicar. Pero parecía otra persona diferente.

 

Me dijo que no podíamos casarnos, quizá por falta de cariño, le dije que si tenía algo, lo que fuese, cáncer o algo que me lo dijese. Me dijo que tenía algo parecido, asi que mis ilusiones las partió de un sólo golpe. Ese fue mi gran amor de juventud, pero el peor desengaño de mi vida.

 

Con los años me mandaba postales por Navidad. Incluso un día  me llamó por teléfono para ver qué pasaba con mi vida, pero aquella historia terminó en un día. Me pidió hablar con mi hijo por teléfono. Mi pequeño estuvo hablando con él.

Luego me dijo que tenía un hijo maravilloso, en sus palabras noté un cierto tono de tristeza. No le guardo  rencor por haber sido tan poco sincero conmigo. Él sabría sus circunstancias.

Publicidad por Bligoo.com

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Categorías

Acerca de Leonor

Soy sensible, educada, buena gente y sobre todo muy abierta. Me encanta hablar con todo el mundo. Me considero una persona que sabe dar segundas oportunidades, y sabe perdonar por más daño que me hagan.

Comentarios recientes

  • No hay comentarios recientes

RSS